Las Redes Sociales… ¿Amigas o enemigas nuestras?

Las redes sociales han originando un verdadero dilema entre nuestra búsqueda de privacidad y la necesidad de enterarse del quehacer de nuestros círculos sociales. Los viejos y tradicionales conceptos de un pensar y de actuar aislados están seriamente amenazados por estos métodos de instantánea información almacenada por el banco de pensamientos e ideas –la famosa nube– y procesados eléctricamente mediante el uso de dispositivos múltiples con acceso a la red, ese gran repositorio de información que no perdona ni olvida; de la cuál no hay redención posible y que no deja borrar los primeros “errores”.

¿Cómo será la interacción entre personas, ahora que nosotros estamos tan inmersos en la vida de cada uno de los otros, ahora que todos estamos operando como una fuerza ciega –en veces consciente, en veces inconsciente– de presión social?

La globalización de la información enajenada por los “viejos” medios –el cine, la “tele”, etc.– y que ha evolucionado con la invención de la internet y las redes sociales, excede por mucho toda la influencia que ahora podrían ejercer mamá y papá en un niño. El carácter ya no es modelado solamente por un par de fervorosos “expertos”. Ahora todo el mundo es un sabio, o al menos, eso es lo que quieren creer.
Las redes sociales han demolido el régimen de “tiempo” y “espacio”, y vuelcan sobre nosotros, al instante y continuamente, las preocupaciones, noticias, pensamientos, ideas, etc. de todos los que nos rodean –sean conocidos o no–. Han construido el diálogo en escala global. Su mensaje es el “Cambio Total” y la “Democratización de la información” como antídoto para acabar con el parroquialismo psíquico, social, económico y político.

El público como se conocía hasta hace 5 años, en el sentido de gran consenso de puntos de vista separados y distintos, se ha acabado. Hoy, la audiencia masiva puede ser usada como una fuerza creadora, participante e influyente en todos los ámbitos de la vida social, especialmente en el ámbito político en donde por parte de los políticos se ofrecen respuestas de ayer a las preguntas de hoy. Están surgiendo nuevas maneras de “hacer política”, con modos de operar que aún no hemos advertido, pero que hemos ido adoptando bajo el método de “prueba y error”. La participación de las Redes Sociales en marchas por la “Libertad”, en la guerra, la revolución, la corrupción y otros hechos están transformándolo todo.

En el ambiente de las Redes Sociales, los grupos minoritarios ya no pueden ser contenidos o ignorados. Demasiadas personas saben demasiado las unas sobre las otras. Nuestro nuevo ambiente obliga al compromiso y a la participación. Cada uno de nosotros está ahora irrevocablemente envuelto en la vida de los demás, y es responsable de ellos.

Las redes sociales nos manipulan minuciosamente, son tan penetrantes en sus consecuencias personales, políticas, económicas, estéticas, psicológicas, morales, éticas y sociales, que no dejan parte alguna de nuestra persona intacta, inalterada o sin modificar.

Ninguna comprensión de un cambio social y cultural es posible cuando no se conoce la manera en que los medios funcionan como ambientes; como alguna vez lo dijo el comunicólogo Marshall McLuhan: “Todos los medios son prolongaciones de alguna facultad humana, psíquica o física”. Ahora las computadoras, las tabletas y los teléfonos inteligentes se han convertido en una extensión de la boca, el cerebro, las manos, la vista y el oído; su poder es tan enajenante y penetrante, que nos encontramos frente a unas verdaderas bombas nucleares de información inmediata, constante y cambiante.

Las redes sociales pueden ser amigas, amigas íntimas de personas, personalidades y marcas; pero son los usuarios de las redes sociales los que las han convertido en su diario oficial personal, manejando información de primera mano, y es ahí donde radican los pros y contras de estas herramientas de comunicación.

Hoy en día la moneda sigue en el aire y la pregunta sin una aparente respuesta, pues, por una parte, las redes sociales unen, difunden, manifiestan e informan y, por otro lado, son causales de divorcios, grandes dolores de cabeza para las marcas y generan desinformación –porque recordemos que, a mayor información, mayor desinformación–. Las redes sociales, al ser un medio relativamente nuevo, sobrepasan los niveles de interacción a los que estábamos acostumbrados –algunos– y, por ende, estamos sorteando nuestra reputación en ellas todavía al “tanteo”.

Más de veinte años han pasado desde el lanzamiento de lo que, para muchos, pudiese ser “la semilla” de las redes sociales: Geocities –sitio web creado por David Bonhett y John Rezner que constituyó una de las primeras comunidades de usuarios en internet–. La rápida adopción y evolución de estas herramientas, y la World Wild Web, ha sido a un ritmo tan acelerado, que no nos ha permitido digerirlas y entenderlas en su totalidad.

Quizá estos últimos dos párrafos pudiesen ser la respuesta a la pregunta planteada en este texto pero… me gustaría saber tu opinión: ¿Crees que las redes sociales son AMIGAS o ENEMIGAS nuestras?

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